¿Por qué pensamos en petunias cuando llega el momento de la verdad?

Decidir es muy complejo y duro, sobre todo cuando lo que se decide es importante para nosotros. He visto tomar decisiones muy duras, que han supuesto pérdidas de empleo sin que al responsable le temblase la voz o las pestañas. ¿Coraje y determinación? No lo creo, yo pensé entonces, como lo hago ahora, que la decisión no era tan importante para el individuo en cuestión…pero vi dudar y llorar a ese mismo hombre cuando tuvo que sacrificar a su viejo Beagle. Aquello si que escocía de verdad.

Ese mismo personaje, prohombre de la sociedad de los 80, cultivaba hacendosamente un pequeño jardín en su finca castellana. Siempre que nos enfrentábamos con una decisión dramática (y hubo muchas entonces) reunía a su círculo interior los domingos por la mañana en el jardín. Ya hiciesen 15 grados bajo cero o un sol de justicia, allí estábamos los propios y extraños rodeando a aquel “peso pesado” disfrazado de campesino prerevolucionario. “No se —decía— me relaja pensar en petunias, en pensamientos y en tomateras. Me da tranquilidad, me acerca a la tierra”. Regresando a casa en el Volvo de mi jefe éste dijo: “En el fondo, es un agricultor frustrado. Ahí hubiera sido feliz, en su huerta, con sus plantas y no en el eje de la Castellana, amargándonos la vida a todos y siempre de batalla en batalla”.

Decidir no es sencillo pero la vida, al menos esta suerte de vida de mentira en la que todos andamos enredados, nos obliga a ello en más ocasiones de las que queremos y necesitamos. Decidir en estos tiempos suele reducirse al mal menor. No es fácil. No hay distancia suficiente entre las opciones y los costes son, en cualquier caso, elevados en todos los planos. En este momento de la verdad uno se enfrenta con sus miedos, sus limitaciones y con uno mismo, en mi caso el peor enemigo posible.

En este terreno, como en casi todos, solo recomiendo lo mismo que hago yo mismo. Intento eliminar de la ecuación los sentimientos y me centro en las probabilidades de éxito, intento transformar en magnitudes “de lógica difusa” lo que en muchos casos no dejan de ser más que emociones desbordadas. Pienso como si yo no fuese yo mismo y fuese un cualquier otro.

Luego, una vez tomada la decisión, una vez pagado el precio necesario, suelo abandonarme a las emociones y las dejo que fluyan. Mi tradición católica me lleva a la culpa, mi formación marxista me arrastra a la responsabilidad, mi sicología frágil y deforme me lleva a la autocrítica despiadada… pero eso siempre ocurre después, mucho después.

En este terreno tan resbaladizo y personal ofrecer 5 consejos es, cuando menos, un acto de soberbia repugnante pero lo haré por si fuese de ayuda:

1.- Mirar lejos en el tiempo ayuda a tener perspectiva. No pienses en lo que sucederá en los próximos meses, piensa en las oportunidades que pueden presentarse en el futuro.

2.- Sinceridad, con uno mismo, ante todo. Modificamos la realidad para intentar adecuarla a nuestros deseos pero la realidad, tozuda como una mula, suele hacer caso omiso a lo que queremos. Las celdas de excel suelen ser un buen indicador y aunque las odie reconozco que tienen una cierta utilidad en estos casos.

3.- Equivocarse suele ser tan probable como no hacerlo, sobre todo si a posteriori comprobamos que no obtenemos los resultados deseados. Uno decide en el momento “n” con unas circunstancias “y”. El momento “n+1” suele traer adosadas circunstancias “y+1”. La decisión idónea puede que no sea la misma en uno u otro momento pero en algún momento hay que tomarla.

4.- A veces se toman decisiones que no tienen recompensa…Todos las hemos vivido. Decidir es eso, optar sin renunciar nunca al error o, lo que es más duro, cuando decidamos lo que decidamos siempre perdemos algo.

5.- La vida es cambio, mutación permanente. Y uno viaja en la vida consigo mismo, con sus limitaciones, sus dudas, sus miedos, sus fobias, su filias y sus deseos…pero eso es nuestra mochila particular, única y propia. Hay que acostumbrarse a su peso, disfrutar de su singularidad y mirar al frente siempre sumando…

La vida es un ovillo que nos une a los que nos acompañaron en el pasado y están a nuestro lado en el presente. Nada se abre o se cierra para siempre, la vida es una suerte de ventana entreabierta que deja, si uno pone empeño y claridad, ver la luz del verano y que nos acaricie la brisa del otoño.

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