Algo ha cambiado irremediablemente: bienvenidos a la revolución

En el colegio de religiosos donde estudié la revolución quedaba confinada al ámbito de la geometría. Recuerdo al cono con una simpatía radical. En aquella clase gris y triste del principio de la transición el cono y yo compartíamos lo que ahora se denomina pensamiento disruptivo. El lenguaje es un arma de manipulación extraordinariamente peligrosa. El cono en el encerado y un servidor en la última fila éramos observado con cierta suspicacia. El cono, por su pasado revolucionario. Un servidor, por mi escasa fe en lo convencional.

Superé la transición con los viajes lógicos a los extremos ideológicos. En el fondo, no buscaba ni preguntas ni respuestas, sólo un futuro distinto. Esperé la revolución unos minutos y abandoné el andén de las utopías para sumergirme en el universo de lo cotidiano. Lo abandoné también por una visita a la Polonia del Telón de Acero. De allí me traje tristeza, desencanto y un poco del pesimismo agridulce que compartimos castellanos y polacos, ese sentido trágico de la existencia. A este lado del Telón había, al menos, una posibilidad. En aquel otro lado no había absolutamente nada salvo una gran “performance” que recreaba 1984 con un realismo doloroso, mediocre y mezquino.

Pero hoy, casi cuarenta años después, estoy en mitad de un proceso revolucionario. No hay barricadas en las calles ni se ondean banderas en los palacios de invierno. Esta revolución, a falta de fecharla en el calendario de la historia con minúsculas, es un movimiento telúrico que recorre el planeta en todas direcciones y que se alimenta, por primera vez en la historia, de una recién nacida inteligencia colectiva.

No creo en las etiquetas, ni en los social media, ni en el 2.0, ni en la inteligencia emocional, ni en Twitter…Dentro de unos años me daréis la razón. Son sólo clichés, moldes simplificados para hacer negocios pero la revolución sigue su curso. En todas las revoluciones hay despistados, los que confunden “La Marsellesa” con un politono, el iPad con un paradigma y la toma de la Bastilla con una “landing” en Facebook. Pobres. Lo importante es lo que se oculta en esta ola, en este tsunami social, económico y cultural.

Me tengo que marchar a comprar a Capabro (como todos los viernes por la tarde) pero antes os dejo 5 ideas:

– Es una revolución porque hay una clase emergente que tiene el poder económico y empieza a exigir el político. No comparten valores con la antigua clase dominante y supone, si se impone, el fin del modelo impulsado desde la revolución industrial.
– Es una revolución porque se alteran los valores y los objetivos de la sociedad.
– Es una revolución porque transforma el modelo económico y, por ende, se impondrá un nuevo modelo en las relaciones, la educación y la política.
– Es una revolución porque obliga a replantearse y a liquidar, con suerte, instituciones y organizaciones “maduras” que no son capaces de adaptarse y dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad… De hecho, la mayoría de esas instituciones y organizaciones están agonizando sin saberlo.
– Es una revolución porque altera el orden social y sacude por los hombros a una sociedad adormecida, conformista, mediocre, pasiva y temerosa.

Muchos no podremos seguir el ritmo y caeremos en el intento. Pero, como decían mis viejos referentes, “ni un paso atrás…ni para tomar carrerilla”. Hay que seguir empujando y luchando. Con las dificultades, con los miedos, con las incertidumbres, disfrutad de estos tiempos históricos.

Buen finde a todos.

Abrazos solidarios.

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