De lo bueno y de lo cierto…

A veces tendemos a confundirnos. Lo hacemos, seguramente, sin mala intención, de buena fe pero, de hecho, nos confundimos y confundimos a los demás. Y en esa confusión, tal vez, ganemos tiempo o huyamos de los problemas o, simplemente, no ganemos nada. En el fondo, nos cuesta mucho trabajo saber qué somos, dónde estamos, qué lugar ocupamos en la secuencia de acontecimientos que construye el Universo que nos rodea. Y más aún si estamos sumergidos en un maremoto personal, profesional o existencial.

En los debates sobre la crisis, en los foros sobre management, en el día a día de las personas, las familias, las Instituciones o las empresas todo se mezcla, como en un crisol caótico y burbujeante. Lo personal, lo colectivo, lo inconsciente, lo mediático, lo cierto y lo incierto… todo conforma una sustancia viscosa e informe que llamamos realidad.

Utilizo, con poca fortuna, tres adaggios, tres axiomas para, sino detener el tiempo, sí para ralentizarlo y ganar perspectiva.

1. La bondad de una acción no radica en las razones que la impulsan sino en las consecuencias que provoca.

2. Si una decisión está sustentada en una certeza absoluta, no es una buena decisión.

3. “La navaja de Ockham” funciona…relativamente.

He vivido actos de bondad absoluta que han provocado verdaderos holocaustos. El autor o los autores actuaban de buena fe, entregados ciegamente al equívoco placer de la bondad, la justicia, la solidaridad y el compromiso. Cuando el caos se hizo evidentemente ya era tarde. ¿Quién puede condenar a un hombre bueno? Lo cierto es que los seres humanos “menos buenos, menos nobles, menos comprometidos” sufrieron las consecuencias mientras que los autores de la felonía podían refugiarse en ese espacio indefinido y tramposo que se llama conciencia. Algunos de los afectados llegaron a disculpar a los causantes…Yo, simplemente, no pude. Eres responsable de las consecuencias de tus actos, sea cuál sea el camino que tomes o las razones que los sustenten.

En la empresa es habitual encontrar a directivos con una asertividad enfermiza. Sin saber ni preguntarse el origen de sus certezas, toman decisiones categóricas e incuestionables. En mi experiencia, cuando el nivel de certeza es elevado, me pongo a temblar. El mundo, la vida, las decisiones están sustentadas en las probabilidades. Nada es blanco o negro, bueno o malo intrínsecamente. Cuando tengo oportunidad, recomiendo cambiar de perspectiva, buscar no solo lo evidente sino navegar por lo incierto y abrir el abanico de posibilidades para evaluar otras opciones. Salvo casos extremos (todavía no he vivido ninguno) una decisión siempre encuentra tiempo para ser meditada y evaluada. Lo impulsivo, como lo cierto o lo bueno, tienen un origen oscuro y siniestro…normalmente suelen esconderse en la memoria, en un niño abandonado al final de un pasillo oscuro, una noche oscura.

Encontrada en Google (procede de: http://evaglauca.blogia.com)

¿Qué decir del viejo “adaggio” de Ockham? Nada, es evidente. La verdadera cuestión no radica en la causa más simple, sino en descomponer y definir adecuadamente el problema. El “Por qué” aparente de “por qué hacemos lo que hacemos” no es lo mismo que “porque lo hacemos”. Ahí está mi amigo Enrique (sabrá disculparme). La situación de la empresa exigía dos despidos en el departamento de administración. Enrique estuvo dándole vueltas durante quince días y finalmente Marga y Juan José recibieron el finiquito. Argumentó razones “objetivas” en la carta de despido y en sus conversaciones conmigo. ¿Por qué Enrique tomó esa decisión? La Navaja de Ockham apareció un par de meses después y sangramos. Hablando del tema en un viaje por carretera a Teruel reconoció que los despidos de Marga y Juan José habían sido un error, que eran dos profesionales extraordinariamente valiosos para la empresa y que el departamento parecía ahora un gallinero desmochado. Sus argumentos originales se desvanecieron el día en que su esposa le recriminó: “Enrique, has despedido a los únicos que te decían la verdad, a los únicos que ponían en duda tus decisiones, a los únicos que no podías controlar. Te has equivocado. No has decidido tú, ha decidido tu ego“.

Foto del archivo personal (Agosto 2009)

Abrazos solidarios.

Anuncios