Un vistazo a vuela pluma: ¿Hacia dónde va El Estado?

Como siempre, puro “divertimento”.

¿Cuestión de Estado?
Como en todas las crisis económicas y sociales se abre el debate sobre si el Estado debe o no subir los impuestos. Es una cuestión siempre viva pero también tediosa y, casi siempre, superficial.

Aceptamos la existencia de los Estados-Nación con la misma naturalidad con que vemos amanecer o bebemos agua. Es uno de los puntos cardinales que definen nuestra vida. Aceptamos su omnipotente presencia como la de un padre autoritario en la adolescencia. O le pedimos dinero o le reclamamos más libertad o mientes y desarrollas una vida oscura en paralelo. También puedes poner en “solfa” su autoridad y, como poco, ejercerá su patrimonio exclusivo de la violencia y la represión para ponerte en posición de firmes.

Aceptamos su necesidad sin cuestionarnos nada. Del mismo modo, en la Edad Media, nadie se cuestionaría la procedencia divina del poder y su ejercicio. Los humanos vivimos en verdades relativas.

El Estado es coherción y recaudación. Ese es su origen. El Estado delimita un espacio geográfico y se hace dueño de su contenido, ya sean personas, objetos u animales. El Estado recauda y castiga. Es un heredero de las autocracias y los Estados Feudales. Y, después, vino el marketing y el 2.0. “Todos somos Estado”, “Tu país te necesita”, “Los enemigos del país”, “ciudadanos libres”, “Patria”, “un proyecto en común”, “El país se rompe”, “Somos una nación sin Estado”…

¿No hemos encontrado otra forma de gobierno? ¿Somos, así de simples, que necesitamos modelos de autoridad basados en la violencia, el castigo y el control?
Sin duda, sí.

Más allá de la cuestión filosófica, en esta crisis han quedado patente tres cuestiones sobre el Estado:

1.- El Estado-Nación no es enemigo para las grandes corporaciones transacionales. La empresa, la corporación, es un modelo de organización más ágil y pragmático. Su modelo binario, orientado a objetivos medibles y a corto (con sus disfunciones, desde luego), asegura que aquello que es rentable se desarrolle rápidamente y lo que no, sencillamente, se elimina. El Estado, por el contrario, tiene que andar con pies de plomo en sus decisiones y, por si fuera poco, cuenta con una enfermedad viral que le asegura una salud precaria crónica: sus asalariados directos, los funcionarios públicos, buscan estabilidad y seguridad cuando acceden, por oposición o por otros medios, a un empleo dependiente directo del Estado. Este perfil de ciudadano es, siempre en términos generales, conservador, poco innovador e individualista en su quehacer profesional. No es una crítica, es una descripción. Su “segunda fuente de recursos humanos” es la política donde, con sus luces y sus sombras, crecen y medran iluminados, utópicos, saltimbanquis y visionarios.

La cadena de suministro del Estado tiene un problema muy grave. Si sumamos la miriada de empresas y profesionales que viven de sus “migajas” (concursos públicos), el Estado sufre de esclerosis funcional aguda.

El enfrentamiento entre organizaciones orientadas a objetivos a corto y medio, extraordinariamente asertivas y dinámicas, y su aparente contrapoder, los Estados, lentos, pesados y reactivos, tiene un ganador seguro. Si sumamos a ello, la pérdida de la capacidad cohercitiva y reguladora del Estado en un entorno globalizado y transnacional… ¿Cuánto tiempo le queda a este modelo organizativo de la sociedad?

2.- El fin de las Utopías.
Ambos lados del espectro abrazan y miman la idea de un Estado fuerte y protector. Cada uno en donde le aprieta el zapato. A la derecha, el Estado es una maquinaria “de seguridad”. A la izquierda, es una maquinaria distributiva. Para unos, una herramienta que defiende la propiedad privada mediante la Ley, el castigo y los mecanismos cohercitivos “ad hoc”. Para otros, un padre equitativo y justo que reparte justicia en un mundo injusto. Bien sea como el primo de Zumosol, bien como la madre Teresa de Calcuta, la globalización y la interconexión entre las personas y las empresas están desmoronando este concepto. En el ala más conservadora, las agencias de seguridad privadas sustituyen, con más eficiencia y asertividad, la figura de El Estado como único detentador legal del uso de la violencia. El caso de Blackwaters en Irak es cristalino. A la izquierda del espectro le duele la histórica ineficiencia de su propuesta utópica. Cada vez que El Estado se transforma en un arma de redistribución de la riqueza terminamos todos haciendo colas para comprar la leche, el pan o el papel higiénico. El Estado-protector termina siendo el refugio de caudillos de medio pelo, sicópatas endiosados o, lo más triste, mediocres burócratas enredados en papeleos, timbres y largos pasillos.

El signo de los tiempos es el fin de las referencias utópicas. ¿Habremos madurado o sólo tenemos una crisis hormonal?

3.- Hay otra vida fuera de El Estado.
Es un movimiento silencioso y ecléptico que aúna a radicales de izquierda y ultraconservadores, a nuevos empresarios 2.0 y a bohemios soñadores. ¿Es posible la vida fuera de El Estado? ¿Hay otros modelos de organización social que sean más humanos, más cercanos y menos, digamos, primitivos? Sin duda, sí pero son, por el momento, bosquejos o borradores. Es posible salirse de la línea imaginaria que rodea a los individuos y los transforma en “súbditos” o “contribuyentes”. Se puede vivir sin seguir la enseñanza reglada, sin estar empadronado, sin declarar impuestos, sin seguir las normas de vacunación infantil, sin inscribirse en ningún registro público, sin recibir subsidios y sin reclamar servicios. El Estado se debilita muy rápidamente y no hay nada que pueda hacerse. Es una tendencia lógica fruto de los cambios en el ecosistema socio-económico.

Yo creo en el poder de las ciudades. Creo, sinceramente, que la “polis” recuperará el papel que tuvo en otras épocas por tres motivos:

a) Es un modelo más dinámico, eficiente, evaluable y cercano.

b) Es un modelo que se sustenta en la libertad de los seres humanos para optar entre una ciudad u otra, entre una megaurbe o un pueblecito montañés.

c) Es un modelo que se ajusta más a la nueva realidad económica, basada en la acumulación de conocimiento, en la atracción de la inteligencia y en formas organizativas más abiertas y “personales”.

Como todo, un paso más a ningún sitio.

Si vamos hacia las nuevas Polis o al caos, si optaremos por los Estados-Plurinacionales o la Meritocracia de las transnacionales es un paso más en una historia, la humana y la cósmica, donde el progreso es otra ficción intelectual, otra de esas verdades absolutas que nos hacen la vida más sencilla.

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