Peligro de extinción. Un post sin gatitos y un futuro sin clase media.

(Es un ejercicio sin más pretensiones que incluir un post en un Agosto desolador. En las definiciones y descripciones no hay valores morales, ni menosprecio alguno y, como casi todo en mi vida, es relativo y prescindible. Como siempre, un divertimento con cambio de perspectiva).

Todos los seres vivos se adaptan a su entorno y buscan un elevado grado de especialización para limitar el número de competidores. Lo que aplica en la naturaleza, aplica en nuestra vida cotidiana. Pero ¿qué sucede cuando el entorno cambia? Los organismos extremadamente especializados son los primeros en desaparecer. Tenemos ejemplos, el Koala, el Oso Panda, los Linces Ibéricos, el Oso Polar…la clase media.

El ecosistema socio-económico se perfiló con más fuerza y nitidez una vez finalizada la WW II, la gran contradicción social y económica del siglo XX que se cerró tras el “Armagedon soviético”. La irrupción de la mujer en el mercado del trabajo, el crecimiento económico sostenido durante décadas, la expansión de la sociedad del consumo, la producción en masa, el endeudamiento como medio de crecimiento pueden ser algunos de los límites de este modelo. Los expertos seguro que lo perfilan mejor. En este espacio emergente y expansivo la sociedad asistió a la consolidación de la clase media. Era clase trabajadora que encontró su nicho de especialización y les permitió prosperar en un ecosistema más o menos estable. Arriba, los depredadores generalistas. Abajo, los oportunistas en economía de subsistencia. En el medio, los Osos Pandas.

En el complejo mundo de las relaciones biológicas es difícil determinar si el trigo ha sido esclavizado por el hombre o el hombre por el trigo, o por el arroz, o por los geranios. Del mismo modo en que es difícil saber si las flores han esclavizado a los insectos o éstos han aprovechado un hecho fortuito para su propio beneficio. Yo, amante de las explicaciones sencillas, creo que las flores esclavizaron a los insectos y el trigo a los humanos.

Los depredadores generalistas no están sujetos a este tipo de relaciones de dependencia. Pueden alimentarse de casi todo, en cualquier entorno (salvando, obviamente las distancias. En la naturaleza, al contrario que en la especie humana, no hay nada al 100%).

Los oportunistas, abajo de la pirámide alimenticia, tienen más facilidad para adaptarse a los cambios del entorno. Si no hay trigo, comerán conejos y sí los conejos desaparecen podrán comer arroz, dátiles o escarabajos peloteros. Los oportunistas son especialistas a la espera de un nicho.

Y todo esto ¿qué tiene que ver con la clase media?

Termino, rápidito. Como especie especialista, la clase media precisa un entorno estable, un ecosistema predecible y regular. Su nivel de especialización no le permite adaptarse a cambios rápidos en el entorno. Así, paulatinamente cambiaron el mono y los harapos de los primeros oportunistas por el traje y la corbata. De la fuerza física pasaron a la fuerza intelectual y abandonaron el pico y la pala por el escritorio y los manguitos. Se especializaron.

Desde mi ventana puedo ver sus ecosistemas. Las Rozas, Majadahonda, Pozuelo y, a lo lejos, La Moraleja, Alcobendas, el eje de Castellana. Un especialista precisa un entorno especializado y estable. La familia, el Estado-Nación, el seguro privado de salud, el automóvil, el ahorro, el chalecito, la nómina, los bonus, el seguro privado de pensiones, la distribución de roles por sexo…la acumulación de riqueza. En el fondo, los especialistas son solo pequeños subsistemas dedicados, en cuerpo y alma, a la acumulación de bienes y dinero. ¿Con qué finalidad? En un entorno precario, de recursos cada vez más escasos, una miriada de recolectores es más eficiente que un único organismo. Así, la clase media, como herbívoros en la Sabana africana, deambulan por la planicie de la economía recolectando pequeñas porciones de riqueza que acumulan en sus fondos de pensiones, en sus bienes raíces, en bienes y servicios. Como un gran organismo capturan, procesan y acumulan riqueza en pequeñas cantidades pero la suma total es inimaginable.

En este escenario, ideal para los depredadores oportunistas, los grandes pastizales de la economía se llenaron de cientos, miles de pacientes, ordenados y sacrificados especialistas. Desde las alturas, los depredadores oportunistas pueden medir su fuente de alimento. Los depredadores generalistas han desarrollado múltiples estrategias. Desde reclamos vistosos a saqueos sistemáticos, los depredadores generalistas rentabilizan el esfuerzo recolector de esa miríada de especialistas.

Pero, de cuando en cuando (por la lógica evolución de los ecosistemas) suceden hechos dramáticos. Una recesión viene a ser como un cambio en el régimen de lluvias. De los miles de especialistas solo sobrevive una pequeña porción. Los especialistas tienden, si el cambio persiste, a especializarse aún más. A eso lo llamamos competitividad. Pero, ¿qué sucede cuándo no sólo cambia el régimen de lluvias, cuándo lo que se produce es un cambio climático global? Estamos asistiendo a un cambio climático global. Es el fin de los especialistas.

Hoy estamos asistiendo a un cambio del sistema. Los valores que sustentaban a la clase media se tambalean. Su ecosistema se desvanece. De las grandes corporaciones, de la seguridad de la nómina, de una posición estable en una jerarquía, estamos pasando al “sálvese el que pueda”, al autoempleo y las micro empresas. De la familia como núcleo estamos pasando al individuo, del ahorro al consumo instantáneo, de lo predecible y ordenado a lo caótico y mutable. De la seguridad de la acumulación de riqueza al crack inmobiliario.

Desde mi terraza compruebo como los ecosistemas se descomponen. Amigos, compañeros y yo mismo sufrimos el cambio de ecosistema. Expulsados de grandes corporaciones, profesionales de ley y orden abandonados a su suerte, acorralados por los embargos, la falta de liquidez y la reducción del crédito, la clase media desaparece. Los hay numatinos, que seguirán luchando hasta el final. Los hay más pragmáticos, que abandonan la planicie y buscan otros lugares de recolección. Pero estamos asistiendo a una extinción masiva.

La fragilidad de los especialistas queda patente. Sus descendientes no pueden adaptarse y mantienen las mismas coordenadas que su progenitores. Quieren ser funcionarios, disfrutar de un buen coche, una vida plácida y predecible, tener dinero en el bolsillo, vivir en un buen barrio, llevar buena ropa, ser socialmente aceptados…Pero la realidad del ecosistema se hace evidente.

Los mileuristas son eso, el final de un modelo de especialización. Repitiendo lo mismo que sus padres apenas pueden sobrevivir y esquilman los recursos familiares, recolectados con esfuerzo por sus progenitores, retrasando su maduración económica y social hasta bien entrada la treintena. Han seguido las normas de los especialistas, se han troquelado socialmente, se han formado, se han adaptado a nichos, asumen sus valores, reclaman Estado, temen ante el fin de la familia…De hecho, se han transformado en escuálidos recolectores en las redes sociales…pero su tiempo ha llegado a su fin.

Los oportunistas, aquellos que se encuentran en la base de la pirámide social, viven en estos tiempos difíciles un cambio menor. Su nivel de requerimientos no es tan elevado y su vida, la cotidiana, se ve afectada pero en menor medida. Los valores impuestos por los especialistas son, para ellos, relativos. Asumieron su imposición a lo largo de los s. XIX y XX y no les costará mucho esfuerzo prescindir de ellos. De hecho, si observamos la realidad, veremos como esta crisis, que por nuestra experiencia anterior debería haberles castigado con dureza desproporcionada, no ha sido así. No hay crispación en las masas de oportunistas, no hay revueltas sociales, no hay llamadas a la revolución que sean escuchadas. Para los oportunistas, esta crisis es una oportunidad y están obteniendo ventajas. La bajada de precios les permiten acceder a bienes que antes les estaban vetados. El caos económico le permite encontrar pequeños nichos donde prosperar. En el fondo, para los oportunistas, a cambio de un sacrificio más o menos moderado pueden acceder a bienes y servicios que antes les estaban vedados.

Los depredadores viven su Agosto. Arriba, en las altas cumbres, los depredadores recolectan el néctar acumulado por los especialistas y fortalecen sus ventajas. A ellos, poco les importan los Estados-Nación, la familia o los valores tradicionales. Son generalistas y su única norma es sobrevivir, crecer y expandirse. Aunque también en la cumbre hay extinciones, no ponen en entredicho su modelo. Puede que se concentren, se fusionen o que algunos de ellos desaparezcan pero su estirpe seguirá floreciente y poderosa.

Los especialistas se extinguen. Su mundo, predecible, ordenado y seguro, se está desmoronando. Y lo hace rápidamente. Un especialista expulsado de la gran Sabana de la economía tiene pocas posibilidades de supervivencia. Sin nómina, no hay crédito. Sin salario y bonus no hay unidad familiar que se sustente, ni coche, ni vacaciones, ni imposiciones a plazo…Sin familia, sin valores no hay nada que mantenga cohesionada a la clase media. El miedo se ha extendido por los grandes pastizales. ¿Cuánto tiempo nos queda?

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