Parte de Guerra: X X X X X X X. Deja tu X en mi blog.

En el despacho he puesto un cementerio virtual, una cruz por cada empresa cerrada, nuevo parado conocido e informe del RAI. Las aspas bíblicas llenan ya un A3 plus, llamado en su momento a ser soporte comercial y hoy ejerciendo de camposanto en la pared.

Dejo a continuación mis X virtuales por los caídos en esta guerra absurda, los abandonados por sus generales en las trincheras de la miseria, la soledad y el miedo…

Pon también, si quieres, las X de tus amigos y conocidos… Son sólo 4.600.000 X… ¿Qué es eso para la física de partículas? Así, a grosso modo, una X detrás de otra suponen 18.400.000 de milímetros.

X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X X

He dejado reservado un espacio especial para la mía. Siguiendo esa tradición tan patria, he alquilado mi sepultura en vida para que, una vez muerto, no me quede también sin nicho. No quiero ser un porcentaje o un número anónimo. Si muero en esta guerra, quiero morir con dignidad, con mi nombre sobre una lápida y no sólo en la lista de morosos o en el CRM del Cobrador del Frack.

Ya me ocurrió en el 92. Es una sensación extraña, como si mi realidad y la realidad colectiva no fueran coherentes. Leo los comentarios en Facebook y parece como si la crisis fuera sólo Grecia, los grandes números o una serie de sucesos colaterales, cada vez más alejados en el tiempo y en el espacio de la guerra silenciosa que se libra en el interior de las casas, las empresas y en la soledad de los lunes. Pienso si los periódicos norteamericanos de la Gran Depresión entretendrían igual a una nación pobre y deprimida.

Ayer puse dos equis más en el camposanto virtual. Éstas no tienen nombre. Mientras deambulaba al mediodía en un centro comercial alguien me susurró su historia personal a cambio de un cigarrillo. El videowall me llamaba al Caribe y la música de fondo a la alienación. Ellos, los anónimos, me hundieron los pies en la realidad. Dos nuevas equis…

Repaso la lista de caídos en combate. Alfredo, Ernesto, Luis, Felipe, Paco, Victor, Marta, Elena, Chus, Eugenia, Yolanda, Enrique…Repaso la historia del siglo XX en esta Europa melíflua, cobarde y decadente. Tras dos devastadoras guerras mundiales, tras nuestra aportación a la crueldad absoluta con los campos de exterminio y las purgas sistematizadas, Europa se ha quedado en lo que es, una nada pomposa y hueca. Gracias la revolución francesa, nuestros cuerpo funcionarial paneuropeo, verdadera espina dorsal de nuestra visión política, asegurará una muerte lenta, políticamente correcta y vergonzosa.

Otra X más. Anoche en un email, Sergio me informó de la baja en combate. No, no ha muerto. Ahora está en la “economía informal”, ese campo de concentración virtual, visible y cotidiano, donde se malvive y se agoniza. Su empresa se ha sumergido sin previo aviso. En cubierta quedaban algunos rezagados que han sido tragados por el océano de la indiferencia colectiva. Sergio tuvo suerte y hoy empieza su nueva vida como fantasma laboral, invisible para las instituciones y organizaciones públicas pero corpóreo y trasmutado cuando mañana me ofrezca su batería de “representaciones comerciales a comisión”…

Un saludo a todos.

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