Una reflexión sobre Haiti

La solidaridad ha recorrido Occidente como un tsunami. Impresionan las donaciones, impresionan los cooperantes, la movilización ciudadana, impresiona el despliegue mediático con las cohortes de periodistas, de diplomáticos y toda suerte de personajes engarzados y bien nutridos en las macro-estructuras supra-gubernamentales de ayuda, asesoramiento, desarrollo y demás.

Aquí, más o menos relajado, puedo observar la degradación, el saqueo, los linchamientos, los actos heroicos, el hambre, la sed y la agonía de quienes han muerto y mueren bajo los escombros o a golpes de sus semejantes. 10.000 soldados norteamericanos empiezan ahora a repartir las toneladas de alimentos que se amontonan en el aeropuerto, los barcos y los aviones en…República Dominicana. ¿Un espectáculo a escala planetaria o un despliegue estratégico? No dejo de pensar el El Americano Impasible, de un Greene olvidado por sagas nórdicas, libros de autoayuda y vampiros hormonados.

Me pregunto:

¿Cuántos muertos vale la condonación de la deuda? La solidaridad y el altruismo ¿tienen relación directa con la cantidad de cadáveres en los informativos? ¿Es la solidaridad fruto de una ecuación perversa? ¿Somos personas buenas a la espera de una oportunidad para demostrarlo?

El altruismo es así. A veces ñoño y, otras, confuso e impreciso. Las buenas intenciones tiene un poco de algarabía y otro tanto de confusión.

Y en esa desazón, nos olvidamos de cosas importantes.

¿Es un gran acto de solidaridad o es un gran aeropuerto estratégico en las proximidades de Venezuela y Cuba?

¿Por qué Francia, la gran Francia, el imperio sin imperio, se siente ninguneada en el programa de ayuda?

¿Vamos los occidentales a poner orden en el caos haitiano, un Estado Fallido desde que “la grandeur” les cedió el idioma, la pobreza y les abandonó como una patera de tierra en mitad del mar de la abundancia?

Y hace 6 meses ¿eran menos pobres o eran menos visibles?

¿No sentimos ningún tipo de pudor al recordar que son, los haitianos, hijos de los esclavos traslados por los occidentales que ahora somos tan solidarios? Sí, el esclavismo fue una actividad económica con mucho valor añadido, en Europa y en España, hasta bien entrado el siglo XIX ¿De verdad que no les debemos nada? ¿No somos, ni tan siquiera, un poco responsables?

Es lo que tiene el altruismo, endorfinas y amnesia. Los occidentales vivimos en un hoy permanente que nos exime de responsabilidad sobre el pasado y sobre el futuro. Este truco evolutivo nos permite seguir adelante con la frente muy alta y los bolsillos muy llenos… a pesar de la crisis.

Me temo que son preguntas incorrectas. Hace dos meses, o dos semanas, nadie parecía conocer la miseria cruel en que vivían los haitianos. Eran, y lo son ahora, el país más pobre del mundo. No había espectáculo mediático, ni oportunidad ni altruismo. Era sólo eso, pobreza sin ornamentos. Y nosotros, los occidentales altruistas, somos ciegos a la pobreza sin ornamento. Las miserias son vulgares sin ornamento, sin la grandiosidad de un cataclismo. No tienen, cómo decirlo, “ese no se qué” que las hace únicas, universales, transversales, completas y redondas. Nos sentimos todos solidarios, todos unidos por una causa común y dentro de unas semanas, a otra cosa, que la vida sigue.

Ojalá Sudán, Nigeria, Malí, Costa de Marfíl, BanglaDesh, Burundi o cualquier otro Estado fallido (benditos eufemismos, cómo limpian las conciencias) no sufran un desastre natural sin precedentes. Nosotros nos olvidaremos de todo, mandaremos SMS, donaremos hasta el último céntimo (más o menos) ;), nos sumaremos a grupos, debates y foros ¿y ellos?

Ellos, los pobres sin espectáculo, habrán sufrido y muerto como siempre, como la hacen en este mismo instante. Ahora mismo. Abandonados, solos y en silencio.

Anuncios