Me la juego: opinión sobre Aminatu Haidar

Me tiene este suceso sumido en un mar de contradicciones. ¿Quién es responsable? ¿Nosotros, España, por abandonar al Sahara y no hacer frente a la Marcha Verde en su momento? ¿El Gobierno marroquí? ¿Moratinos? ¿El piloto del avión? ¿Aminatu? ¿Yo? No es sencilla la cuestión.

Marruecos es como una piedra en el zapato. Una monarquía medieval que, como mal menor, hace las veces de cordón sanitario frente al creciente islamismo radical en el Magreb. ¿Qué es primero? ¿El despotismo no ilustrado o la revuelta islámica? Yo creo, como lo creo en Irán, Afganistán, Pakistán o Chad, que son las consecuencias de la desastrosa política estratégica occidental. De la franja subsahariana, mejor no hablar. Ahora les llaman “Estados fallidos”. Ja.

Sin ánimo de controversia, no es posible salir indemne alimentando un monstruo con dos cabezas. Llevar a Marruecos hacia el modelo occidental es un ejercicio imposible, aceptando además un chantaje permanente. A lo sumo, haremos más grande y poderoso un sistema basado en la arbitrariedad, en la pobreza y el culto a la personalidad más absurdo y ridículo. Claro, nuestros aliados del norte, los irredentos galos, son la siguiente pieza en el puzzle. No han dudado en aliarse con el diablo (léase Idi Amin Dada) cuando de defender sus privilegios e intereses económicos se trataba. El Louvre, la “grandeur” y su economía estatal-proteccionista bien vale una visita al infierno de cuando en cuando.

¿El Gobierno español? Débil, como siempre desde Fernando VII. A este Gobierno le pasa siempre lo mismo. Todo le sorprende con el tranco cambiado. Le falta coraje, determinación y, sobre todo, asumir los costes morales y éticos del poder. A Moratinos, hombre de paz y dialogante, le mandaría a una ONG pero nunca le seleccionaría para “negociar a cara de perro”.

¿Y ella? Me siento solidario con su dolor y me conmueve su fortaleza y determinación. No termino de comprender cómo uno puede morir por unas líneas trazadas sobre un mapa pero me estremecen sus convicciones. ¿Realmente creerá que podrá cambiar el curso de la historia? Es posible.

Me aterra su convicción, me duele su sufrimiento, Pienso en su marido y en sus hijos, pienso en la contradicción que ha puesto encima de la mesa y que implica a España, a Marruecos y a su propio pueblo: los saharauis. Si muere, ¿qué ocurrirá? El Frente Polisario quedará en una complicada situación y, de todas, todas, volverán las “refriegas militares”. Y la represión marroquí crecerá, Y morirán soldados, mujeres y niños. Crecerá el nacionalismo, alimento de necios para disfrute de visionarios. Durante años, las escaramuzas militares harán aún más insoportables las condiciones de vida de los saharauis. ¿Cuántos muertos vale un Estado?

No sé. Estoy dividido entre mi pragmatismo “repugnante” y mi idealismo inconsecuente. Me incomoda la situación de Aminatu Haidar, me obliga a tomar partido y convivir con una contradicción aguda y dolorosa. Yo, que por naturaleza tiendo a eludir los conflictos que no tengo seguridad de ganar, hubiese dejado el problema en Marruecos, no habría aceptado a Aminatu en el vuelo y, desde luego, no creería ni una sola palabra de ningún portavoz marroquí, ni aún jurado sobre cualquier libro sagrado.

Pero, lo hecho, hecho está. Allá cada uno con su conciencia. Yo, con la mía, no dejo de contar los días de huelga de hambre, de leer sobre su Estado de salud y de preguntarme qué haría yo. Imposible rompecabezas sin una solución clara. Me faltan datos pero, con los que tengo, me atrevo a dar mi opinión:

Respetaría la libertad personal de Aminatu, aceptaría el coste ético y político de la situación y tomaría buena nota de con quién nos jugamos los cuartos al sur de Tarifa. Creo en la libertad de las personas, en la capacidad de decisión de los individuos, por irracionales que puedan parecerme sus opciones, y si Aminatu opta por morir, aceptar su decisión es lo más consecuente y honesto. Intervenir con jueces y médicos no sería más que una muestra más de la debilidad del Gobierno y del Estado.

O, por qué no, haría ciudadanos españoles a los Saharauis, reconociendo lo que fueron en su momento. No deberán, ni podrán, renunciar ni a su nacionalidad marroquí, hija de la Marcha Verde y los fosfatos, ni a su nacionalidad saharaui, que es lo que quieren ser y lo que son. Puede, desde mi ignorancia, que esta triple nacionalidad les conceda y conceda a Aminatu una salida digna en este callejón sin salida.

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