La cebolla empresarial.

La realidad tiene capas, y como las cebollas, cuando la abres, provoca llantos y lágrimas.

De lo superficial y evidente a lo profundo y esquivo, la realidad es compleja y simple al tiempo.

En ocasiones, no es necesario partir por la mitad la cebolla de la realidad y con observar su superficie es suficiente. En otras, es necesario una “cebollasección” y, entre llantos e hipos, comprobar cómo la podredumbre está en el interior.

No, no he sido abducido por El Bulli ni me ha dado por ser un cocinillas. Es una metáfora.

En el mundo empresarial, sobre todo en el de las pymes (ese lugar desconocido), los cocineros no suelen tener término medio. O picotean las cebollas en una juliana extrafina o las dejan en el cesto y se decantan por un sofrito de puerros. No hay término medio.

Hace tres años (datemos con precisión: 2009-3= restauración de diseño)
Todos con el salteado de puerros o la espuma de berenjenas. ¿Para qué abrir la cebolla? ¿Para llorar ahora que todo va viento en popa?
Las tendencias estaban insinuadas. De entre todas, sólo destaco una: aportación de valor. Un sobre exceso de consumo permitió que empresas y profesionales mediocres encontrarán/encontráramos un espacio económico para prosperar. La burbuja creció. Una sobre oferta de servicios ineficientes pero eficaces inundó el mercado.
Era, entonces, el momento de abrir la cebolla, de iniciar el cambio basado en conocimiento, eficiencia, talento, liderazgo y excelencia.

Hace dos años (2009-2= cocina tradicional)
Algunos platos con cebolla liofilizada y, eso sí, cebollas enteras al cocido.
Sin abrir la cebolla, no hay sabor. Para muchos, en aquel año, los indicios de que su modelo había quedado obsoleto eran evidentes pero, también, la resistencia al cambio alcanzó su cota más alta. Los cambios económicos ya estaban en marcha pero ¿para qué abrir la cebolla si todo volverá, más o menos, como antes? La mayoría, vuelta a la cocina tradicional, a las lentejas estofadas o al cocidito de toda la vida. Las viejas fórmulas no nos han fallado ¿Por qué van a hacerlo ahora?

Hace un año (2009-1= gastritis)
Tómese la cebolla y entera y sin cortar, hiérvase con merluza de pincho, patata temprana y hoja de laurel.
Como si de una intoxicación alimentaria leve se tratara, se aborda el cambio social y económico con dieta blanda. Si hay que medicarse, esperemos a que la enfermedad se declare abiertamente; entre tanto, más de lo mismo aunque con ardor y alguna crisis de colón irritable.

Hoy (2009=holocausto canibal)
Las cebollas o cebolletas son trituradas en la “turmix” para hacer un puré de cebolla que se restregará sobre el enfermo terminal para terminar con la enfermedad y, de manera inevitable, con el enfermo.

Algunos consejos inevitables:
1.- Sea realista y objetivo. Si su modelo de negocio ha muerto, déle una muerte dulce y una sepultura decente antes de que el enterrado sea usted.
2.- Sea realista y objetivo. El enfermo, ¿tiene reservas para soportar un tratamiento agresivo o fallecerá en el intento?
3.- Sea realista y objetivo. No confíe en el efecto placebo. Los experimentos, con gaseosa. No hipoteque su futuro a proyectos a largo plazo, lo habitual es que a largo plazo no sobrevivan ni los proyectos ni usted.
4.- Sea realista y objetivo. ¡Ojo con las intervenciones a vida o muerte! Está comprobado, no es posible llevar una vida normal sin cerebro, sin pulmones o sin hígado. Le digan lo que le digan, jamás ampute órganos vitales.
5.- Sea realista y objetivo. Confíe en los especialistas. Analizarán al enfermo sin pasión, con objetividad y le informarán, con honestidad, de su diagnóstico. No está de más una segunda opinión.
6.- Sea realista y objetivo. La muerte es un proceso natural. El duelo, un recurso sicológico imprescindible. Ya sabe, resignación, negación, rabia, culpa. La sabia tradición popular tiene refranes para todo pero, en este caso yo aplicaría dos: En cien años, todos calvos. No hay mal que cien años dure. Aunque me tira más ese de “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Buen fin de semana a todos.

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