¿Dónde está la innovación en informática?

Negroponte, a finales del pasado siglo, anunció que Internet terminaría desarrollando aplicativos que se comunicasen entre ellos y ahorrasen a los usuarios muchas acciones repetitivas o monótonas. Ahora parece un viejo libro de ciencia-ficción soviética.

El asistente de Apple
Sobre los 90 Apple lanzó un vídeo sobre su visión del portátil del futuro y su asistente virtual.
Espectacular, el portátil, delgado como una hoja de papel. El asistente leía la agenda, informaba sobre cambios de citas y las llamadas recibidas: “Fred ha pedido retrasar la reunión media hora. He consultado la agenda y lo he aceptado. John te ha llamado por teléfono y ha dejado un mensaje. También te ha llamado tu madre, le he dicho que estabas durmiendo y que le llamarías más tarde”. Esta recreación de aquel vídeo está muy lejos de la realidad aún cuando todos pagaríamos una fortuna por un asistente que nos librase de acciones que no requieren atención y que rompen nuestra actividad cotidiana en múltiples miniacciones casi todas irrelevantes.

Las ruedas inteligentes
Negroponte sugería como un futuro “tecnológico” unas ruedas de automóvil que detectaban su nivel de desgaste y que, identificadas por IP, informaban al ordenador del vehículo la necesidad del cambio. Éste contactaría con los talleres y con la agenda “online” del propietario, facilitándole al conductor distintas alternativas sobre taller, fecha y hora para proceder al cambio. El conductor solo tendría que elegir y quedaría reservado en su agenda, informado el taller y desplazaría las citas “no prioritarias” a otra hora o fecha interactuando con las agendas de los afectados.

Más cajas tontas
Tampoco su predicción de una televisión inteligente ha visto la luz. Un pequeño ordenador conocería nuestros gustos, barrería las ondas buscando programas, películas de nuestro gusto y al encender el aparato nos indicaría qué podemos ver. El buscador inteligente nos mostraría programas afines a nuestros gustos y otros que potencialmente podrían interesarnos por su relación, en la forma o el contenido, con nuestros deseos. Ahora ando como loco gestionando la subscripciones en You Tube. Necesito más tiempo sólo para decidir qué quiero ver.

El avatar inteligente de Second Life
Second Life también fue una ilusión momentánea. Una “segunda vida online” permitiría reuniones sin desplazamientos, oficinas virtuales para atender a los clientes, poder mostrar nuestros productos o servicios y hacer negocios 24×7. Especulando en aquella época concluimos que un “avatar” podría detectar cuándo era necesaria la presencia consciente del propietario y cuando no.
Nada de nada.

La tecnología me aburre
La tecnología es ahora tan aburrida, tan ramplona y tan evidente que no seduce a nadie salvo al consumo compulsivo. Nos estamos enfrascando en servicios online que nos hacen dependientes, que nos quitan tiempo, que nos actualizan lo mismo en todas nuestras maquinas o que revenden productos que ya existen. Por ejemplo, el almacenamiento online que no es más que ftps “con Botox”. O el “cloud computing”, que te encadena a grandes compañías donde almacenamiento, proceso y servicios estarían esclavizados a plataformas “propietarias”. Me gusta Apple pero no me gusta su tienda, ni sus servicios. Tengo la sensación de estar preso, encadenado a la visión de Stephen y quiero más libertad. No quiero un líder carismático, quiero alternativas.

El nuevo buscador
Ahora, con la “bronca” en el mundo de los buscadores, he vuelto a pensar que no es necesario otro buscador, hace falta una “revolución” en los buscadores. No quiero una máquina que busque los más visitados, o la suma de palabras, o a los que pagan. Necesito un buscador que aprenda de mis gustos, que establezca relaciones gráficas entre webs y que aprenda cómo soy, qué quiero y cómo me expreso. La Web es infinita, y como el Universo se expande en todas direcciones, y siento que me alejo del conocimiento, llegando sólo a las webs más próximas…

Si realmente vamos a un mundo y una economía basada en el conocimiento, necesito soluciones inteligentes. Pero me temo que la simpleza de la economía (su trimestres, su sistema de promoción profesional, su cortoplacismo) nos obliga a todos a llevar una vida simple y sin “revoluciones”.

En el fondo, el mundo se detiene poco a poco.
Nos conformamos con lo evidente, nos conformamos con pantallas táctiles que fueron espectaculares y económicas hace 20 años, nos conformamos con “redes sociales” que fueron inventadas en los 90, con servicios de FTP más clásicos que el ratón… Una generación sin creatividad, sin inquietud, sin curiosidad se hace cargo del futuro. Somos “recicladores” de tecnologia, de ideas, de innovación… Cada vez tenemos menos tiempo, gestionamos la misma información y perdemos privacidad… ¿A cambio de qué?

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