Tuvimos, durante años, una tórrida relación pero el 14 de febrero, el día de los enamorados, recibí un email suyo. No pude dejar de sentir un estremecimiento. Ahí estaba su dominio, con esa arroba sensual, enroscada sobre sí misma como una espiral de pasión y entrega. Y ese “.com” al final, tan sugerente y dramático.
PUUUUUuuuuuN TO COOOOOOOM!!!
¡Cuánta pasión esconde un “.com”! Sobre todo en el “com”, dicho así, explosivo. Pero en inglés, tiene un aquel que me arrebola. “dotcom”, con la “t” apenas visible, como insinuada tras una transparencia o una retroproyección.
Nuestra relación siempre ha sido un poco antinatura. Ella, mi cliente, poderosa, con más de 23 idiomas, con la formación más exclusiva, con casa en todo el mundo pero con su hogar en la avenidas neoyorquinas. Yo, un proveedor cualquiera, un poco friqui pero con mucha pasión y mucha entrega. Al principio, mi inglés chapurreado con acento de Carabanchel le hacía gracia, mis vaqueros rotos, mi coche sucio, mi botas de montaña en pleno verano…Siempre sospeché que lo suyo no era amor verdadero pero, ¿qué queréis que os diga? Un “provaider” enamorado se entrega…absolutamente.
Aquello era pasión. Y como un adolescente, caí rendido a sus pies. Durante años, me aprendí cada resquicio de su inmensa y compleja anatomía, sus palabros crípticos se fueron dotando de contenido con el paso del tiempo. “Fiiscal LLiar”, “Cuarter”, “bines iunit”, “sellaut”… Y cuando me llegaba un “mitinricuest” me temblaban las canillas.
¿Y sus productos? Me convertí en un fan, el único, de su web “multipropiedad_en_Mali.com”, de su campaña “hipotécate_hasta_las_trancas.ru” y de sus “bandddles” (dios, la disléxia) “cervezashastamorir + masajedechinaenlaplaya=Levante para jubilados escoceses”…
¡Qué tiempos! Ese comarketing con la red comarcal de casitas rurales de diseño, con ofertas de “boinas termosoldadas”, “vinos de orfanato” y “lechoncillos a la arterioesclerósis”… Aprendí sus procedimientos internos, su firmas, todo… Ese sensual proceso de “ampliación de pedido por patinazo del director de marketing”, sencillo y tórrido. “Prepárame 23.456,43 presupuestos, incluyendo dos fotocopias compulsadas de tu carné del gimnasio y de la red de bibliotecas camerunenses, bórrame con tipex donde dice “servicios” y le pones, a mano, “abono de factura”. “Es solo una cuestión formal, cariño… Son los procedimientos. Ya sabes que yo nunca abusaría de ti…” ¡Cínica!.
Y yo, enamorado hasta la cuenta de “aportaciones de los socios”. ¡Qué tiempos!
¿Nuestra primeras citas? Un flaier, una invitación, un “rod sou”…Al cabo de los años, no había otra cliente que pudiese igualarle. Polifacética, impetuosa, impulsiva, exigente… Y yo, un “provaider” cualquiera… arrebolado, encendido, entregado.
Pero el 14 de febrero, qué mal estilo, me llegó ese email. Lo abrí en casa, escondiéndome en el garaje, desde el terminal que ella me regaló y que llevo usando los últimos 8 años. Por amor. Me dejé las pestañas en esa pantalla monocromo verde y ni siquiera instalé los “upgrades” necesarios… Era su regalo, era ella, mi cliente…. No podía traicionarla ni con el pensamiento, ni con la obra.
Pero ese email cerró cualquier futuro de golpe y comprendí que, desengañado, sólo era por un interés.
“Estimado proveedor: lamentamos comunicarle que, conforme a los nuevos requerimientos worldwide, nos vemos obligados a rescindir nuestros contratos de servicios con su compañía (conforme se detalla en los epígrafes 567/2 y 1.234,56 a y b del mencionado documento). Nuestra decisión está motivada por no cumplir los mínimos requisitos necesarios ahora en vigor…”. Sí, era suyo pero con el acento de Georgia, o de Polonia, o de Sudáfrica…pero era ella…
14 de febrero. Negación de la verdad.
No me lo puedo creer, no puede ser verdad. LLamo y no me contesta, le envío un correo, no existe dirección, le mando un SMS…y otro y otro…
15 de febrero. La culpa.
Vale, no era perfecto. Lo reconozco. A veces, pero era por los nervios, no culminábamos “adecuadamente” algunos proyectos. Un “provaider” tiene un límite y no se puede estar siempre “excepcional”. Yo, iluso, pensé que mi “esto no me ha pasado nunca antes” era suficiente para disculparme. Pero parece ser que no, que el fuego y la pasión que despiertan los precios más bajos no puede aplacarse con un “trabajo sólo para ti, en exclusiva y sin penalización”. Ahora, cuando me miro desnudo frente al espejo, veo que mis servicios son pequeños, tristes…ineficientes y, lo que es peor, insuficientes. No me salva ni la “fimósis de diseño” que tuve que hacer a mi proposición de valor cuando montamos el stand en la “Feria del apartamento resultón” en Dubai… ¡Qué dolor! ¡Qué frío! ¡Qué humillación cuando tuve que mostrarles mi menguada y dolida proposición de valor a sus colegas de EMEA, BEA, SEA o cómo quiera que se llamen!
16 de febrero. Autocompasión.
¿Por qué a mí? Yo, que le he dado lo mejor de mi vida, que me he entregado plenamente, sacrificando horas de sueño, abandonando a mi familia en aquellos largos fines de semana en eventos extraños. No soy nada, no sirvo para nada.
17 de febrero. Frustración.
Es mala persona. Sí, eso es. Es mala, interesada, egoísta, insensible…
18 de febrero. La verdad.
¿Sabéis quien es ahora su proveedor? Si, aquella compañía que nos rondaba, con la que colaboramos honestamente, aquella que necesitaba ayuda con las normas de facturación… “Anda, cielo—decía— échales una manita, qué trabajo te cuesta, si el único “provaider” de mi vida eres tú”. ¡Ah! ¡Qué dolor más agudo en la facturación, en las previsiones del 2010, en los avales bancarios y en el factoring!
Si, ese es el nuevo amor. Los he visto juntos. Sí, en un emailing y también en Fitur. Juntitos, acaramelados mientras paseaban por la Feria viendo a los stands de la competencia.
Me lo imagino y me consume el dolor. Mientras yo me dejaba las pestañas en noches infinitas de trabajo ellos iniciaron su relación en silencio. Me los imagino escondidos tras un briefing, encendidos en una “conferenssss calllll”, apasionados en busca de localizaciones, buscando “claims” en una jornada de trabajo en el Hotel “ejecutivos estresados”, saciando su pasión en presupuestos, facturas y pagos a 90 días…. ¡Ah! ¡Qué dolor! ¡Qué desengaño! Seguro que les adelanta dinero para los eventos, seguro que les contrata los vuelos a NiuYor, … Me los imagino y me llevan los demonios.
Lo que es la vida. Dejado de lado por esa otra empresa, ese mismo proveedor que ella ridiculizaba y vejaba. Qué cinismo. Todo era mentira.
Si, habla inglés; sí, tiene sede en Berlín, Toronto y Mieres. Sí, tiene unas oficinas en un loft. Pero ¿Es que en el amor sólo la forma es importante? ¿Dónde está el interior, lo profundo, lo sensible?
Y aquí me quedo, con un palmo de narices, con la maleta de servicios en la puerta, junto a seguridad, compuesto y sin cliente.
Pero me he hecho una promesa. No más clientes. Se terminó, nunca más. Ahora a reordenar mi vida, a mis proyectos, a mi contabilidad y facturación…pero ¿clientes? Nunca más. Es una promesa.
¿A quién pretendo engañar?
Firmado.
Un Piscis desolado.