Miramos a nuestro alrededor y todo cambia. Puede parecernos igual pero, algunas veces de manera más burda y otras más sibilinas, todo está cambiando permanentemente. Nada, ni la ignorancia o la teoría del avestruz, nos exime del cambio.
El cambio, ¿es necesario?
1.- El cambio es la propia existencia, está en la esencia de la vida y en las leyes que rigen el cosmos. MIentras exista la entropía existirá el cambio. La tendencia al equilibrio, al intercambio de energía para alcanzar una hipotética estabilidad, que impulsa al Cosmos es, al mismo tiempo, la causa del cambio permanente.
2.- El cambio tiene ciclos y espacios temporales. Algunos son tan rápidos o tan ínfimos que no pueden ser percibidos por nuestro cerebro. Las escalas temporales determinan la percepción del cambio. Para una forma de vida con ciclos muy breves, un insecto, el cambio normalmente es apenas percepcible. Para otras, como una Secuoya, el cambio es permanente y verificable en numerosas ocasiones a lo largo de su existencia. Todo sistema, toda máquina, se desarrolla en el tiempo, sobre ciclos temporales superpuestos y de distinta medida. No percibir el cambio no significa que éste no se esté produciendo, simplemente que no somos capaces de detectarlo.
3.- El cambio responde a tres causas; la primera, a la entropía, al intercambio de energía para alcanzar un hipotético estado de equilibrio. La segunda, a la genética y al complejo y hermosamente sencillo principio de la adaptación al medio, donde especialización y búsqueda de nichos ecológicos no ocupados impulsa a los sistemas biológicos a la transformación. La tercera, al miedo individual y a nuestra obsesión por predecir el futuro y anticiparnos a los sucesos venideros.
El cambio, ¿es siempre positivo?
Depende de la perspectiva temporal. El cambio es un ejercicio de prueba y error que se desarrolla en el tiempo. A veces, la opción seleccionada ofrece ventajas competitivas a corto y medio plazo; otras, sencillamente, acelera la extinción.
Un elevado grado de especialización es un ejemplo de cómo cambiar es un proceso permanente. Un oso polar o nuestro lince ibérico tienen un elevado grado de especialización. Ambos sistemas biológicos detectaron un nicho vacío, se especializaron y, antes condciones más o menos estables en el tiempo, alcanzaron el éxito. Pero los sistemas, todos, tienen necesariamente a degradarse. El lince sólo caza conejos, el oso polar sólo puede sobrevivir en el gélido ártico. Ambos están condenados a la extinción. La especialización es la salvación y, al tiempo, la condena.Ser generalista puede parecer poco eficiente pero, en tiempos inestables como éstos, es una opción.
¿Se pueden eludir las consecuencias del cambio?
Como el agua, se puede ir pendiente abajo; se puede buscar en el entorno espacios ecológicos, económicos o sociales que no nos requieran ningún cambio pero las tendencias de cambio se expanden como ondas en el agua y crecen en profundidad e intensidad. Podemos creer que buscando entornos profesionales, culturales o sociales aparentemente estables o próximos a nuestras ventajas competitivas aseguramos nuestra supervivencia. De nuevo, es cuestión de tiempo para que la onda de cambio transforme todos los planos de la realidad y, sencillamente, desaparezcamos. No, es ineludible.
¿Es la velocidad, el “tempo” del cambio, una clave para la supervivencia?
Sin duda, sí. La velocidad significa el ritmo en el que se producen los cambios y nos adaptamos a ellos. Los dos extremos del modelo conduce al mismo final. Ir demasiado rápido o ir demasiado lento son aceleradores de la extinción.
¿Hace falta una ruta o es suficiente con cambiar?
Es necesario un camino, una estrategia. Cambiar por cambiar no conduce a ningún lado…salvo a la probabilidad y a la incertidumbre. La clave no es cambiar, es adaptarse al medio. Es necesario tiempo para verificar que las opciones seleccionadas ofrecen los resultados predichos antes de abordar el siguiente paso.
¿Qué actores intervienen en el proceso de cambio?
Circunscribiéndonos a las organizaciones, hay cuatro actores que intervienen en el proceso y ninguno existe nunca al 100%. Su posición dentro del organigrama es diversa. Cada organización, con el paso del tiempo, se estratífica en función del liderazgo. No necesariamente la innovación viene de arriba o de abajo, de la izquierda o la derecha. He encontrado “ultraconservadores” en el espectro aparentemente más progresista y “ultrainnovadores” en las organizaciones más reaccionarias. Lo bueno de estos tiempos es que ganamos visión, perspectiva y muchas de las verdades absolutas se están transformando en visiones relativas.
a.- Los innovadores puros, en permanente crisis adaptativa que buscan una y otra vez causas, efectos, alternativas y opciones de futuro para cambiar y adaptarse.
b.- Los conservadores puros, en resistencia permanente al cambio y que actúan como freno en los procesos de innovación al buscar y necesitar siempre el mismo elevado nivel de certeza en el presente que en el futuro.
c.- La “masa crítica”, el grueso de la población que interviene en una organización social, empresarial o de cualquier índole. Sus opciones están determinadas por la seguridad y optarán, en función del liderazgo, de los argumentos y de su validación en la vida cotidiana por apostar por el “innovador” o el “conservador”.
d.- El entorno, poderoso, complejo, incierto, polifacético y sometido a valoraciones subjetivas. Los cambios sociales, económicos, medioambientales, políticos…las distintas esferas que conforman la actividad humana interactuando en un espacio aparente caótico y sin reglas comprensibles.
Las 3 reglas del cambio
1.- Adaptación al medio. Esto conlleva realizar análisis del entorno, de sus causas, efectos e interacciones de la manera más objetiva posible y con el coraje suficiente para superar los “espacios de seguridad” en los que todos nos movemos. Como todo, es una apuesta por un futuro en un entorno cuántico, impredecible y extraordinariamente complejo.
2.- Ganarse a “la masa crítica”. Tanto el “innovador” como el “conservador” deben ganarse la confianza de la masa crítica, el número suficiente de personas (ciudadanos, profesionales, socios, jugadores…) que hagan que la balanza bascúle hacia nuestro lado. No es, al inicio, necesariamente una cuestión númerica (cantidad de individuos), pudiendo operar sobre “influenciadores” o personajes relevantes pero éstos lo único que aportan es reducir el tiempo para captar masa crítica. Son un instrumento, no un fin. Nuestro objetivo es ganarnos a la mayoría suficiente, en cualquier caso.
3.- Perder el miedo y asumir que nada permanece. Tanto innovadores como conservadores, masa crítica o personajes influyentes, viven, sienten y piensan determinados por el miedo. Unos y otros actúan impelidos por la necesidad de reducir el nivel de incertidumbre en el futuro. Para unos y para otros este miedo forma parte de su personaje. A los conservadores les reforzará la necesidad de no cambiar ante el temor a lo desconocido; a los innovadores le llevará a cambiar permanentemente ante el temor a lo predecible, al futuro posible que perciben e imaginan.
Como decía “Superrratón”, no olviden mineralizarse y vitaminarse…que estamos en tiempos de contradicciones, cambios y renovación. Abrid bien las ventanas, que entre el aire, que revuelva los papeles y haceos permeables a los cambios, a la realidad…Vivimos tiempos duros pero, sin duda, extraordinariamente interesantes.