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Si no tienes tiempo, no leas más. Esto es un “divertimento”.
- La nueva sociedad de las redes sociales es hiperinflacionaria.
- En el fondo, esta hiperinflación es el principio de un grave problema: más ruido en la comunicación, más dificultades para obtener conocimiento, menos tiempo para desentrañar el grano de la paja.
- Confundimos comunicación con verborrea (mea culpa, este post es un buen ejemplo), vínculos sociales con exhibicionismo y trabajo en común con charlas de café… Suerte que me queda Enrique Dans, que si no.
Resumen ejecutivo…
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Mientras las redes sociales son el centro de las conversaciones profesionales y mis clientes luchan por sobrevivir en un medio hostil, de regreso a casa, muerto de frío en la estación de Príncipe Pío ( Mi cuerpo se ha terminado habituando a las temperaturas moderadas y la intemperie le amedrenta como a un ejecutivo la cuota, el trimestre y el despido) un jubilado se me acerca para preguntarme qué hago con el teléfono.
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addenda de geolocalización.
¿Yo? ¿En la estación de tren? Bueno, intento ser coherente con esa expresión de sicólogo conductista “si cambias tu comportamiento, cambias tus pensamientos” y como creo en el “downsizing”, en “menos es más”, en la humildad y la modestia, pues eso, que ahora voy en tren al trabajo. Gracias Guillermo, por el ejemplo.
Dudo ante la respuesta. Es una pregunta trampa, lo sé. Mis años de comercial me han desarrollado un sexto sentido; el que te avisa de que un cliente no sabe lo que quiere, que te pone en guardia ante el cliente creativo-compulsivo o que cada vez que contacto con un manager me pone en alerta naranja por tsunamis de soberbia, huracanes superficialidad, ego-seismos y virus N.P.I.
Miro al anciano y miro el correo. Sí, es una pregunta trampa!!!! Hago un cálculo instantáneo con el cerebro de pensar.
Tengo 6 ó 7 correos automáticos de actualizaciones de medios de comunicación. Al menos otros 9 de empresas brasileiras que ofrecen “produtos elestronicos”, ofertas de trabajo “plan B” en un perfecto inglés de CoboCalleja y las “cienes y cienes” de actualizaciones de Facebook, Linkedin, Twitter y redes afines. En total, desde mi salida de la oficina hasta el andén he recolectado medio centenar de correos electrónicos, digamos, ¿irrelevantes?
- Leo mensajes de trabajo. ¿He mentido? ¡Como un bellaco! Como los bancos con la morosidad, las Cajas y la independencia política, la salida de la crisis en boca de quien tú quieras y los SEM&SEO y su cientifismo en las campañas. Me sentí como un portavoz político: frío, taimado, perverso y barroco (no, no me refiero ni González Pons ni a González Sinde).
La nueva sociedad de las redes sociales es hiperinflacionaria.
Usamos las palabras sin ser conscientes que son un bien escaso. No hay palabras para todos y para siempre. Las palabras están en peligro de extinción. No lo digo por el ramplón nivel cultural de nuestra sociedad, que es como el curso de inglés de la radio, “habla español con 12 palabras”. Con esas “doce” palabras usted podrá chatear, twittear, facebookear o linkedinear sin problemas. Más allá de ese número seguramente su interlocutor le oculte, le borre, le expulse o, sencillamente, ni le vea.
Y tampoco tenemos tiempo. Los new social media son como la industria pesada: contaminante, depredadora insaciable de tiempo y de palabras… Asistimos a verdaderas extinciones masivas de palabras: innovación, crisis, adaptación, organización, liderazgo están ya en el top ten mundial de palabras en peligro de extinción. ¿Y qué me dices de ocio, privacidad, libertad, lealtad, compromiso, diversidad, reflexión, crítica o alternativa? Apenas se encuentran algunos restos fosilizados en los estratos más profundos de las relaciones interpersonales.
Hubo un tiempo en que los hombres medían sus palabras. No era necesario llenar los silencios con letras. No, los seres humanos éramos respetuosos y responsables. Lo “tweet” de Cervantes fueron, vistos en perspectiva, pocos, muy densos y brillantes. El prolífico Lope de Vega no creo que supere, suma total en palabras constantes del Siglo de Oro, a los grandes blogueros de hoy. Además, ellos escribían post largos pero coherentes. Ahora, como en las novelas por entregas francesas del XIX, los “tweet” o los “post” son sincopados. Claro, falta una superestructura que les conceda una cierta coherencia. Son, como nuestra vidas actuales, superficiales: rozan la realidad sin entrar en ella. ¿Podría ser de otro modo?
En el fondo, esta hiperinflación es el principio de un grave problema: más ruido en la comunicación, más dificultades para obtener conocimiento, menos tiempo para desentrañar el grano de la paja.
Sí, estamos en un universo hiperinflacionario en palabras ¿Colapsará por la fuerza de gravedad quedando reducido a una moda pasajera? ¿Se expandirá sin límite impulsado por la energía oscura del “suma más amigos” o “únete a mi red”? ¿Qué sucederá cuando hayamos terminado con todas las palabras, con todos los contactos, con todos los grupos, cuándo el tiempo se colapse en un torrente de palabras sin energía hacia el agujero negro de la ignorancia y el analfabetismo funcional?
Confundimos comunicación con verborrea, vínculos sociales con exhibicionismo, trabajo en común con charlas de café… Suerte que me queda Enrique Dans, que si no.
Hoy voy a “twittear” todo lo que hago. Lo he visto en mis seguidores norteamericanos y no me voy a resistir. No, no es exhibicionismo, es una prueba más de ingeniería social. Always on.
“Salgo de casa”. “Estación de Las Rozas”. “No encuentro sitio para sentarme”. “Me tomo un café en Manolo´s”. “La tostada me ha sentado mal”. “Mi mesa está desordenada”. “Enciendo el ordenador”, “Suena el teléfono”, “Contesto al teléfono”, “Digo dígame”…
Claro, me falta el glamour. No es lo mismo “Madrid-Príncipe Pío” que “Boston-Big Central”, ni “Cassanova´s-Five Avenue” que “La taberna del Príncipe-Calle Irún”. En fin, eso me pasa por haber nacido y vivido fuera de la Roma Imperial.

Una Respuesta a Palabras en peligro de extinción.